
La cita era en
Lorca y nos brindaba la posibilidad de reencontrarnos (a mi
Encar y a mí) con el
Gran Jefe Quiño, un personaje autóctono de dicho pueblo que compartió conmigo casa, víveres y vivencias hace ya algunos años en
Madrid, además de presenciar el espectáculo del viejo
Elliot Murphy.
Así pues, los prolegómenos de la noche, además de los 60 y pico kilómetros de distancia, estuvieron comandados por la exquisita cena que nos brindó el
Quiño en un mesón (
El Segoviano) del
Casco Viejo. Ensalada de salmón, lomos con huevos de codorniz, bonito a la no se qué y chanquetes (que luego me enteré que están prohibidos) fueron los maravillosos manjares que pudimos degustar. Todo ello regado con cerveza en un principio, y un magnífico
Jumilla del 2000 a posteriori.
Una vez revisada nuestra actualidad, y ya con el estómago lleno, apareció el resto de tropa que nos acompañaría al concierto de
Elliot Murphy que estaba programado dentro del
Festival Espirelia que financia el
Ayuntamiento de Lorca y que, con mucho más criterio que la mayoría de festivales, se empeña en contratar artistas de muy diversos estilos y de gran calidad, como norma general. Nada de típicas actuaciones de verbena. Y, encima, de manera gratuita y en un enclave bonito y cómodo. Allí estábamos, en la placica, cuando salió el
Sr Murphy (este hombre tiene ya una edad) con su guitarrista de acompañamiento, que además de eso hacía muchísimas partes instrumentales y le ayudaba con los coros. De hecho, me pareció un figura anónimo (al menos para mí) de éstos que son capaces de tocar cualquier cosa y, además, hacerlo de manera exquisita. Este es el formato que presentó
Murphy. Además, una muchacha armada con un acordeón les acompañaba en algunos de los temas. La sobriedad de la puesta en escena no reñía con una serie de canciones del repertorio de
Murphy que emanaban un aroma a música típica americana y en las que se advertían similitudes con la obra de
Springsteen,
Young y
Petty, entre otros. Yo era (y soy) un perfecto desconocedor de la producción de este hombre, pero realmente disfruté de sus canciones, de su actitud encima del escenario y de su fuerte personalidad sobre el mismo. Para acabar su más de dos horas de actuación, nos ofreció una serie de versiones que iban desde
The Doors (
LA Woman fue la escogida) hasta
Springsteen (un
I´m On Fire precioso),
Patty Smith y otros muchos (también nos invitó a recodar a
Hendrix). El público me pareció muy metido en el concierto, pese a la popularidad del acto y de que esto a veces supone poca atención al artista o incomprensión por parte de la gente. De hecho, la ovación antes de que se despidiesen del escenario fue muy calurosa (como todo en este agobiante verano, en lo que a temperaturas se refiere)...carretera de nuevo para regresar a casa, y comprobación de que había ganado, una vez más, una apuesta contra
Encarni y el
Quiño.
Y es que
Singapur es una República situada al lado de
Malasia, cuya capital tiene ese nombre, y no está al lado de
Calcuta.
Que ya me molesté yo en buscarlo en su día, cuando escuchaba la canción de
Tom Waits del mismo nombre.
El
Rock And Roll y la
Geografía no están reñidos.